El 3 de junio de 2010, en Moreno, el sargento de la PFA Néstor Adrián González disparó contra Sergio “Checho” Casal (16). Las balas entraron por la nuca y la espalda. En marzo de 2014, el TOC 4 de Mercedes lo condenó a 15 años de prisión. El día de la sentencia dijo que iba al hospital porque se sentía mal. Naturalmente nunca más se presentó. Durante más de un mes, el tribunal que lo llevó libre a juicio y no vio necesario garantizar que estuviera presente el día de la condena, nos ocultó la fuga.

El 21 de enero de 2012, en el barrio porteño de Once, el cabo de la PFA Martín Alexis Naredo apoyó la 9mm en la sien de Jon Camafreita (18), arrodillado contra una persiana, y disparó a quemarropa. En septiembre de 2014, el TOC 23 de la ciudad de Buenos Aires lo condenó a prisión perpetua. También dijo que se sentía mal un rato antes de la lectura de la sentencia, y como no tenía ninguna medida restrictiva, se fue. Recién una semana después lo declararon rebelde y dictaron la captura.

Tres años después, los dos asesinos de gatillo fácil, que se profugaron casi juntos, salieron a la superficie y se dejaron detener.

Los dos eran de la misma fuerza, la PFA, y hasta de la misma comisaría, la 8ª.

Los dos fueron condenados a fuerza de lucha de las familias de los pibes, organizadas en CORREPI.

Los dos se fugaron al amparo del aparato judicial que los mantuvo libres y sin restricciones todo el proceso, y que rechazó una y otra vez, incluso el mismo día de las condenas, nuestras advertencias y reclamos.

Al sargento González lo “encontraron” el 18 de octubre pasado, en San Fernando, a poca distancia de su domicilio de siempre, donde aportaba a la seguridad del barrio como vigilador privado en un taller de carpintería industrial.

El cabo Naredo fue más creativo. Se entregó solito, con una carta dirigida a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, en la que dice que decidió hacerlo ahora porque “confía en este gobierno y este presidente” para remediar la “injusticia” de su condena.

Los dos apuestan a que ahora, bien disciplinado el poder judicial por el gobierno de Cambiemos, prosperen sus recursos de casación.

Los dos tienen suficientes motivos para apostar a que eso pase. Lo que no están teniendo en cuenta, es que, del otro lado de la impunidad en oferta en estos tiempos de Macri, Vidal y Bullrich, están la constancia y la persistencia de la militancia antirrepresiva, y la decisión de profundizar una lucha que es desigual, pero que no estamos dispuestos a abandonar.

No le debemos estas dos detenciones, que hoy celebramos, al mismo estado, con otro gobierno, que facilitó las fugas. Confiamos, para lograr la confirmación de las condenas y el cumplimiento efectivo de las penas en la fuerza de la movilización, convencidos y convencidas de la necesidad imperiosa de luchar sin tregua contra toda forma de represión.

Nos verán en las calles, dentro y fuera de los tribunales, por Checho y Jon, por cada pibe y cada piba asesinado, torturado o desaparecido, luchando por juicio y castigo para todos los represores.

El Estado y el gobierno son responsables

Cárcel común y efectiva a los represores

Basta de represión.