Rodolfo Ríos tenía 23 años, estaba en pareja y tenía una niña de dos. Era hijo y compañero de Delia Garcilazo. Desde los quince años trabajaba en el mercado central. Era un pibe de barrio como cualquier otro, humilde, rebelde, pero con códigos. En muchas intervenciones públicas, su mamá relataba que Fito le decía que “estar preso no le había quitado la libertad, porque era libre en su interior”.

En noviembre de 1992, al pibe le quitaron la vida. Fito salió del pabellón sin permiso para hablar con otro interno. A ambos lo llevaron al patio techado y recibió una brutal paliza con caños de hierros, palos de madera y patadas con los borcegos por parte del cuerpo de requisa, que creían que por tener un uniforme tenían el derecho de decidir qué hacer con sus vidas.

Recién en 1997, se logró obtener el procesamiento de los tres oficiales de la requisa: Mir, Tocayuk y Galarza. La carátula fue “homicidio en riña”, delito por el que fueron condenados -dos de ellos- a penas de tres y cuatro años. Para la justicia no hubo tortura. Y la demostración de ello, se vio cuando pasaron detenidos solo quince días porque la Corte Suprema revocó la condena años más tarde.

Su madre Delia Garcilazo se puso desde un principio al frente de la lucha pidiendo justicia por su hijo. No buscaba solo una pelea judicial. Entendió y nos demostró sobre la necesidad de transformar el dolor y la bronca en organización y lucha, y así fue como no dudo nunca de qué lado estar. Ella tenía bien claro quién era el enemigo, así fue como enfrentó a Nilda Garre y a Patricia Bullrich.

Según nuestro Archivo de Casos de personas asesinadxs por el aparato represivo del estado, entre 1983 y 2016, fueron asesinadxs 4960 personas. El 39 % fueron en la modalidad de muertes en lugares de detención. Lo que nos muestra es que, con la vuelta de la democracia, las torturas en lugares de detención siguen siendo una política de estado que tiene como objetivo el disciplinamiento y el control social para que unos pocos puedan dominar y ser dueños de todos, mientras nosotrxs cada vez vivimos peor.

A 25 años del asesinato de Fito, estamos obligados a profundizar el camino de la unidad, la organización y lucha ante todas las formas que asume la represión. Como decía su madre y nuestra compañera y referente Delia Garcilazo: “Nosotrxs soñamos con una justicia igualitaria para todos, soñamos con un país más justo… Hasta que ese día no llegue, nos verán siempre en las calles acompañando a todos los represaliados y apoyando todas las luchas”.

 

¡ROFOLFO “FITO” RIOS PRENSTE!

BASTA DE REPRESIÓN

NO ES UN POLICÍA, ES TODA LA INSTITUCIÓN