“Hugo Arce de 17 años y Carlos Vasquez de 16 años eran amigos, los dos vivían en la Isla Maciel, estudiaban y compartían el barrio desde que nacieron” nos cuenta Alejandra, mamá de Hugito y amiga de Carlos.

Huguito tenía dos mamás, Alejandra y Lorena, que hoy se unen en la lucha por conseguir justicia.
“Carlitos era un pibe muy humilde y amigo de todo el barrio, querido, muy querido. En los picados de fútbol era un arquero con grandes capacidades. Jamás tuvo un problema en el barrio, ni con chicos de su edad, ni con gente más grande.

Huguito, con sus 17 años, era un chico lleno de responsabilidades, y las cumplía a todas. Empezaba su rutina a las 6 de la mañana cuando se levantaba para ir al colegio, de ahí iba al gimnasio y luego a la práctica de fútbol en San Telmo, club en que iba a jugar en primera en poco tiempo. Después pasaba a ver a sus hermanas y a su abuela por si necesitaban algo, y se quedaba un rato con los amigos antes de volver su casa con su mamá. Si me preguntás ¿Cómo era? Solidario con quien pudiera necesitar algo, no tenia drama para nada. Desde dar su ropa hasta pasar por casa y pedir fideos, carne o lo que necesitara para hacer un guisito en casa de un amigo que no la estaba pasando bien económicamente. Trabajaba con el padre en las vacaciones y cuando sus compromiso con el fútbol y el estudio se lo permitían”.

A estos pibes de barrio los fusiló el Cabo 1º Sergio Bobadilla de la comisaría 12ª de la PFA la madrugada del 5 de septiembre de 2011.

Como de costumbre, la versión oficial contó que los pibes habían intentado robar al efectivo policial y este “solo de defendió”. Después de una constante lucha en la calle, volanteadas, murales y marchas, conseguimos que esta versión quede trunca mediante una pericia que probó que los disparos, todos, fueron de adentro hacia afuera y desde el arma reglamentaria de Bobadilla.

Las familias de los pibes, sus amigos y vecinos de la Isla Maciel, los chicos de las inferiores del Club San Telmo, compañeros de Huguito y hasta el cura de la Isla, el padre Paco Olveira, no creyeron la historia del enfrentamiento. Porque conocían a Carlos y Hugo y también porque conocen a la policía, enseguida se empezaron a organizar para denunciar el fusilamiento.

Dos años después, en 2015, conseguimos por intermedio de radios abiertas y escraches a la fiscalía que Bobadilla pase de ser un “testigo damnificado” a un “imputado por homicidio”. Desde mayo de 2016 tomamos la determinación de ir una o dos veces por semana a molestar a la fiscalía, lo que derivó en una citación a Bobadilla a declarar en noviembre del mismo año, a la que no se presentó ya que fue a un domicilio en Gerli donde ya no vive.

Sabemos, y consta en la causa, que se encuentra prestando servicio en Formosa. Por eso le seguimos reclamando a la fiscal que dedique un momento entre las extensas licencias que se toma para citar debidamente a Bobadilla, porque no vamos a dejar de exigir justicia por Hugo y Carlos.

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