Marcelo era un pibe de 26 años que había viajado desde General Pico, La Pampa a la localidad de Benavidez. Gracias a su tío había conseguido trabajo en la fábrica de Volskwagen y tenía el proyecto de abrir, junto a sus hermanos menores, una verdulería.

La madrugada del 9 de enero, “alguien” comenzó a perseguir a Marcelo, lo cual obligó al jóven a escapar, corriendo desesperadamente. Al día de hoy no se ha determinado quién era ese “alguien”. Lo que sí sabemos, es que Marcelo corrió a través de un predio descampado, que no estaba cercado, pero había un edificio abandonado. Ese predio pertenecía a la empresa metalúrgica Ferrosider y estaba custodiado por el agente de seguridad de la empresa Securitas Carlos Alberto Maidana. Este agente, al advertir la presencia de Marcelo en el predio, llamó a su supervisor y a la policía. Se hicieron presentes oficiales del COT (Centro de Operaciones de Tigre) y de la comisaría 4ta de Benavídez. Los oficiales redujeron a Marcelo, y luego lo trasladaron de forma violenta a un patrullero, donde falleció producto de las brutales torturas y golpizas que recibió.

El primo de Marcelo, Jon Camafreitas, moriría ese mismo año, unos días después que él, también víctima de las fuerzas represivas del estado. Desde el asesinato de ambos, sus familias se organizaron en CORREPI buscando justicia, y por ello fueron hostigadas y amenazadas por parte de efectivos policiales y de miembros de la empresa de seguridad Securitas. Esto se hizo aún más evidente cuando efectivos de la comisaría 8va (la comisaría a la que pertenecía el asesino de Jon) reprimieron y detuvieron a Sabrina Castro y Delia Castro, familiares de ambos jóvenes, el 17 de Marzo de 2012. Fue una muestra más de un estado que busca amedrentar a quienes transforman en lucha y organización el dolor que significa la pérdida de un ser querido. Pero esos intentos por parte de los represores de perseguirlxs son en vano. Gracias a la unidad de militantes, vecinxs y otros familiares que se hicieron presentes en la comisaría para pedir la libertad de Sabrina y Delia, fueron liberadas. No bajar los brazos para hacerle saber a los represores que no les tenemos miedo.

Lamentablemente, el caso de Marcelo, así como el de muchxs otrxs asesinadxs por el aparato represor, continúa impune y no se ha juzgado a los responsables del hecho. Dado a que el estado, por medio del poder judicial, defiende a sus perros guardianes, mintiendo y disfrazando los hechos. También inventando enfrentamientos inexistentes, demostrándonos una y otra vez que el gatillo fácil y las torturas no son excesos por parte de algunos miembros del aparato represivo, sino que son una política de estado. Un estado que busca cada vez más perpetuar la desigualdad y estigmatizar y criminalizar a nuestrxs pibxs.

Tanto Marcelo como las 5461 personas asesinadas por el aparato represor viven en las banderas de lucha que levantamos en las calles día a día. Detrás de cada nombre hay una historia de vida, un ser querido, una razón para no claudicar en el camino de la búsqueda de justicia a través de la organización y la lucha. Por eso, hoy como hace seis años volvemos a gritar:

MARCELO SEPÚLVEDA,
¡¡PRESENTE!!
5462 PERSONAS ASESINADAS POR EL APARATO REPRESOR,
¡¡PRESENTES!!
¡¡AHORA Y SIEMPRE!!