Los hechos

Hoy se cumplen 31 años del 8 de Mayo de 1987 en la Willy, el Negro y Oscar estaban compartiendo una cerveza en la esquina de Figueredo y Guaminí, en Ingeniero Budge (Lomas de Zamora). Esa tarde, habían ido un rato antes al bar La Angiulina. Aparentemente, dentro del bar se produjo una discusión que provocó el enojo de uno de los pibes, que pegó una patada en la puerta. El hijo de la dueña, al llegar al bar y escuchar lo que había pasado, fue a realizar la denuncia a la comisaría 10°. Acudieron los policías Juan Ramón Balmaceda, Isidro Romero y Jorge Miño en dos autos diferentes y fueron a perseguir a los pibes. Al encontrarse con Willy, el Negro y Oscar en la esquina de Figueredo y Guaminí, Balmaceda salió del auto apuntándolos con su arma reglamentaria. Se dijo que fue accidentalmente que Balmaceda apretó el gatillo y abrió fuego primero contra los pibes. Pero Romero y Miño no tardaron en sumarse e iniciaron una balacera que terminó con la vida de los pibes. El único delito que habían cometido, es el mismo por el cual hasta el día de hoy miles de pibxs de los barrios populares son asesinados por el aparato represivo estatal: ser hijos de clase trabajadora.


La reacción popular

Hacía 4 años que la dictadura cívico-militar-eclesiástica, más sangrienta que haya sufrido nuestro pueblo, había concluído. Pero los genocidas en el poder se habían encargado de desarticular y aplastar todo el movimiento popular con auge a partir de los años ‘60, y que constituía un verdadero peligro para los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, lxs vecinxs de Budge supieron entender que había que transformar el dolor en lucha, y salir a manifestarse. Por eso, una multitud llenó las calles del barrio, haciéndole ver al estado y a sus perros guardianes que no iban a poder desplegar la represión impunemente, que iban a tener que enfrentarse a un pueblo consciente que no estaba dispuesto a dejar que se pisoteen sus derechos. La presión al estado para que admita su responsabilidad en este crimen se realizó en conjunto en las calles y en los tribunales. La lucha llevó a conseguir un primer fallo en 1990 que condenaba a Balmaceda y Miño a unos escasos 5 años de prisión, y a Romero a 12. Ese fallo fue anulado por la corte suprema y en 1994 se arribó a un segundo fallo que condenó a 11 años de prisión a los tres policías. Los tres permanecieron prófugos por mucho tiempo, antes de entrar a prisión. Balmaceda goza hoy en día del beneficio de la prisión domiciliaria. Magras condenas y beneficios para los asesinos del pueblo.

Lo que queremos recuperar al levantar cada año la bandera de Willy, el Negro y Oscar es esa llama que avivaron lxs vecinxs organizadxs. En una movilización, un vecino dijo: “Todos vemos la realidad, lo que pasa es que no lo sabemos decir nomás… o no nos animamos a decir. Ahora lo vamos a empezar a decir entre todos”. Y así fue. Esas movilizaciones significaron un punto de partida para un movimiento antirrepresivo que continuó creciendo y multiplicándose hasta el día de hoy.


Recuperar el ejemplo, continuar la lucha

Nos encontramos actualmente con un contexto en el que esas prácticas se han profundizado con el objetivo de amedrentar a lxs que viven en los barrios populares. Macri y Bullrich reciben y felicitan a policías asesinos promoviendo acciones como las de Balmaceda, Miño y Romero. Ayer como hoy, no han logrado callar al pueblo, que no está dispuesto a permanecer inmóvil mientras se cercenan sus derechos. Willy, el Negro y Oscar, así como las más de 5400 personas asesinadas por el aparato represivo del estado, se transformaron en bandera de lucha, en la inspiración de un pueblo organizado para seguir adelante y no claudicar en la búsqueda de justicia y defensa de sus derechos. Por eso, hoy volvemos a decir:


WILLY, EL NEGRO Y OSCAR: ¡PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE!

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