El 18 de noviembre de 1994, Pablo fue fusilado por la espalda. Las balas son del estado y las gatillo la Policía Bonaerense de Merlo. La causa fue archivada sin ningún responsable de la muerte de Pablo ni del supuesto robo que alegó la policía para justificar el asesinato.
A 24 años de su fusilamiento, compartimos las palabras de Carla, militante de CORREPI y prima de Pablo:

¿Dónde está el monstruo de las cosquillas?

Papá no venía seguido a casa, lo hacía una o dos veces por año. Su presencia en casa me llamaba la atención, nunca entraba, se quedaba en la puerta algún fin de semana y esperaba a que salga para llevarme a pasear.

Ese día no me llevó a ningún lado. Mi viejo y mi vieja comenzaron a hablar, mi vieja gritó fuerte “yo sabía”, yo no entendía nada, solo escuchaba el nombre de Pablo y seguía peinándome frente al espejo.

Intentaba escuchar de qué hablaban, por qué esta vez no estaban peleando. Me miré al espejo y supe que esa cara era importante de recordar. No me olvido más.

El tiempo pasó y mi familia hizo lo que pudo con el dolor, siempre que iba de mi tía Pablo estaba de vacaciones, Pablo estaba con lxs amigxs, Pablo estaba con la novia, Pablo se había mudado, Pablo, Pablo, Pablo. Seguro que era molesto que una nena de 8 años preguntara insistentemente removiendo el recuerdo.

No sé cómo un día me enteré, las conversaciones que escuchaba de lxs grandes tras las puertas o haciéndome la que jugaba cerraron todas de una vez. No sé que pretendían, quizás no querían que duela, o que piense en venganza, que pierda la esperanza o que se acorte mi infancia. A esa edad ya entendía muchas cosas del dolor, comprendía perfectamente que el monstruo de las cosquillas ya no me haría sonreír nunca más entre el techo, el aire y sus manos tan fuertes e inmensas para sostenerme y nunca dejarme caer.

A todxs les cuesta habar de vos. Nadie puede decir lo buen hijo que eras, el dolor que sentías, lo mucho que te gustaba la música, lo que nos hacías reír, lo loco que estabas, lo buen amigo que te proponías ser, lo lindo que te hacía sentir manejar un auto, las cosas que querías olvidar. A todxs les cuesta, a mi me cuesta. Me cuesta contarle a mis compañerxs de vos, porque me van a dar un abrazo tan grande que se va a parecer al tuyo, y si ese abrazo llega me voy a tener que convencer que no había vacaciones, amigxs, novia o mudanza que te alejen de mí. Entonces esa fría calle de Pompeya te vería dentro de ese auto, en esa noche cerrada, con ese ardor en el pecho y una canción de SUMO que nunca dejará de sonar.

Breaking away.

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