“Chocobar volvió a trabajar como policía”, titulan los diarios. Una simple afirmación, sin adjetivos, que resume el estado de excepción impuesto por el gobierno de Cambiemos en materia represiva. Casi por obligación de estilo, las notas que anuncian la reincorporación al servicio activo del asesino de Juan Pablo Kukoc recuerdan que “el uniformado” está a las puertas de un juicio oral, procesado por homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber.

“ El 8 de diciembre pasado Chocobar mató a un delincuente”, dicen las notas, que eligen deliberadamente las palabras. No era una persona, no era un individuo o un ser humano. Era un “delincuente”. Así, del mismo modo que para la justicia el fusilamiento por la espalda de alguien que intentaba escapar es apenas si un “exceso” en el cumplimiento del deber, para el periodismo oficial el muerto tiene menos entidad humana que los embriones que con tanto empeño defienden.

Otro aporte de la noticia es que “ el efectivo fue muy bien recibido por sus compañeros, y miembros de otras fuerzas de seguridad destacaron su regreso y le manifestaron su respaldo”. Qué duda cabe, al menos para quienes hace 30 años gritamos en las calles que no es un policía, es toda la institución, y subrayamos que tampoco es una fuerza autónoma con políticas propias, sino uno de los brazos armados del Estado, dirigida por el gobierno de turno.

Aunque todos los gobiernos, desde diciembre de 1983 a la fecha, usaron el gatillo fácil y las demás herramientas represivas a su disposición cuando necesitaron hacerlo, y garantizaron, siempre que pudieron, la impunidad de los perros guardianes del sistema, el gobierno macrista inauguró una etapa nunca vivida por el pueblo argentino en democracia. La explícita promoción pública del gatillo fácil a partir del abrazo y felicitación del presidente Macri al asesino Chocobar y la visita de la ministra Patricia Bullrich a su casa la semana pasada, que seguramente le anticipó su regreso triunfal al servicio activo para que siga “cumpliendo su deber” a punta de reglamentaria, planea consagrarse legislativamente como política pública en la proyectada reforma del Código Penal, como ya lo anunció el camarista Mariano Borinski, titular de la Comisión Redactora.

Con el asesino Chocobar patrullando nuevamente nuestras calles, a la par del resto de los efectivos que lo recibieron “con vítores”, porque se ven a sí mismos en ese espejo, ratificamos la necesidad imperiosa de desarrollar y fortalecer la lucha organizada contra la represión, que ayer vimos descargarse contra los trabajadores del Astillero Río Santiago en La Plata y contra lxs manifestantes ambientalistas en Córdoba, y que nos cuesta la vida de más de una persona por día con el gatillo fácil o la tortura sobre detenidxs.

Por más unidad, organización y lucha contra todos los chocobares que ejecutan la represión estatal, y el gobierno que los dirige, marchamos el lunes 27 de agosto, de Congreso a Plaza de Mayo. Vení a marchar con CORREPI, contra el gatillo fácil y la tortura, contra la represión a la protesta y el conflicto social.

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