Víctor Damián Ávila y Christian Núñez fueron fusilados por la espalda en la madrugada del 7 de noviembre de 2014 en la esquina de Granaderos y Fray Luis de León, en el barrio Alem (Cuartel V, Moreno). Quien disparó, fue el prefecto Raúl Bonifacio Guerrero. Tenían 25 y 21 años, dentro del rango de edades que representa más del 50% de las más de 5.500 víctimas del aparato represivo estatal en democracia.

Fieles compañeros en la cotidianidad de las calles, su amistad no hacía distinción de camisetas ni colores por la pasión del fútbol que también compartían. Víctor era ferviente xeneize y Christian fanático millonario. Justamente en aquella madrugada fatal, celebraban juntos que River y Boca habían superado, la noche anterior, los cuartos de final de la Copa Sudamericana y en pocos días jugarían enfrentados la semifinal del torneo.

Tampoco el barrio hizo esa distinción. La mayoría de lxs vecinxs no le hicieron el juego a la “versión de verdad” del prefecto Bonifacio Guerrero, que en cambio fue acompañada por la comisaría 4ª de Cuartel V (que intervino en las pericias) y avalada largo tiempo por la UFIJ nº 1 de Moreno. Y al no seguirle el juego a la “versión oficial”, el barrio se organizó con las familias para denunciar el caso y exigir justicia. Sus amigxs siempre los mantuvieron vivos en su memoria. Construyeron un santuario y eternizaron sus nombres en las paredes del barrio. No eran Víctor y Christian. Para todxs, son Chino y Marote.

Durante cuatro años de perseverante lucha, la causa fue mutando, como lo fueron haciendo los personajes del aparato judicial que intervinieron en la investigación. Más que con la defensa del prefecto, tuvimos que confrontar con la fiscal María Gabriela Urrutia, conocida colaboracionista del armado de causas y perpetuadora de la impunidad en causas de gatillo fácil, que se negó a investigar el doble homicidio y dos veces decretó el archivo de la causa. Después de varias apelaciones y una denuncia ante la Fiscalía General, logramos el cambio de fiscal y una demorada indagatoria, en mayo de este año. Ese día, por primera vez pudimos ponerle rostro al asesino, que intentó pasar inadvertido, vistiendo cínicamente un conjunto deportivo y una visera, como si fuera un pibe de barrio. Luego vino la gran noticia, con la elevación de la causa a juicio oral, matizada por la tibia acusación fiscal de “homicidio con exceso en la legítima defensa”, a tono con la doctrina Chocobar. También, como suele suceder en los casos de gatillo fácil, el prefecto no estuvo preso ni un solo día y sigue en funciones. Pero así y todo, el año que viene estará sentado en el banquillo de los acusados, ante el Tribunal Oral nº 3 de mercedes.

Una vez más, Mercedes nos verá movilizadxs junto a las familias de los chicos, sus amigxs y las organizaciones de Cuartel V, mostrando que sólo la lucha organizada y consecuente puede torcer el rumbo de la legitimación del gatillo fácil que pretende instalar definitivamente el gobierno.

El 16 de septiembre pasado, el barrio vibró con la memoria y la lucha, a través de un festival cultural organizado por CORREPI junto a familiares, amigxs y organizaciones de Cuartel V. La plaza del barrio se llenó de color, baile, música. Porque según dicen por ahí, hay que militar con alegría, por más palos y balas que nos arrojen desde arriba. Una vez más, el territorio organizado dio el ejemplo de que no hay que ceder, ni un poco, ante el Estado y sus verdugos, y que, después de las lágrimas, hay que salir a batallar todos los días. Porque la represión nos los quitó, pero los seguimos pariendo todos los días.

Chino y Marote siguen naciendo en el barrio. En los recuerdos vívidos de sus amigxs, en la digna mirada de sus familiares. En las palabras hechas tatuajes de aerosol plasmadas en las paredes. En los afiches de actividades viejas, que perduran a pesar de la lluvia y de los gobiernos. Continúan naciendo en las caritas de sus hijxs, a quienes sus madres y abuelas cuentan quiénes eran, qué les gustaba y qué soñaban. Viven en las letras que sus amigxs escribieron para rapear en cada esquina donde se encuentran, y cada vez que se juntan en el potrero del barrio a jugar a la pelota.

Las casualidades de la vida a veces producen paradojas. Se avecina una nueva final de la Copa Libertadores , y el eterno clásico disputará alegrías y llantos. Sabemos con seguridad que Chino y Marote estarían festejando la amistad recíproca y el amor a cada camiseta, ahí, en la esquina de Fray Luis de León y Granaderos, la misma esquina que hoy los recuerda como eran.

En tiempos donde el gatillo fácil se promueve abiertamente como política de estado, profundizamos nuestra presencia en cada plaza, barrio y calle para seguir gritando

¡Chino y Marote presentes!

¡Basta de gatillo fácil!

¡No a la doctrina Chocobar!

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