Releo tu carta, Maga.
Cada noche y a pesar de la niebla, releo tu carta.
Mis carceleros han envejecido aunque conservan sus caras torvas y huelen a zanja.
Creen que me han podido, más duermen con un ojo abierto.
“dientecito de ajo, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete” les disparo cada vez que sus sombras se filtran por las hendijas.
Esa carta tuya, la que escribís a diario Maga: a la mañana en Castelar, cuando apenas -casi nada- sos Morales. Y te confundo detrás de una maceta panzona colmando tus cabellos de jazmines y azahares. Y dejás en la cochera colgada tu sonrisa para que en las tardes la visite tu pequeño Mainunbí.
La carta que escribís a diario Maga. Aunque salga fechada los Jueves y en el barrio de Monserrat o en París, en Bogotá o en Morón…allí donde tus manos cierran todas las heridas.
La carta Maga mía que firman miles a tu paso y en tu pañuelo.
Mis carceleros han envejecido Maga. Tus cartas los condenan a no morir nunca …pero aunque importante no es eso lo que más importa. Yo repito a cada instante: “dientecito de ajo, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete” y se que levanto un alarido allí donde la injusticia reina, por el silencio cobarde de quienes han renunciado a escribir en las nubes.

Tu siempre Presente.

 

*Por Ismael Jalil, militante y abogado de CORREPI.

 

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