Ya pasaron trece meses de aquella madrugada en la que Leo y Alan paseaban juntos en moto. Leo fue fusilado por el policía local Giuliano Armando Fattori; Alan vio como mataron a su amigo. El oficial creyó que los jóvenes iban a robarle, un relato que no pudo ser comprobado. Como es usual en la declaración de los integrantes de las fuerzas de seguridad, una mentira esgrimida para justificar su brutal accionar. Y para la justicia que los apaña, el asesino sigue siendo la víctima, e intenta llevar a Alan a juicio por intento de robo.

El estado nos arrebata la vida de nuestros seres queridos. Y los medios de comunicación hegemónicos, en complicidad con el estado, construyen, con su mentalidad represora, mentiras sobre sus historias de vida intentando justificar sus muertes y construyendo desde sus discursos la necesidad de más policías en las calles. Lo único que hacen es matar a nuestrxs pibxs una vez más. El poder judicial también se hace eco de ello. Buscan ensuciar a las víctimas haciéndolas pasar por delincuentes, y defender así a los represores, que se creen jueces y verdugos de la vida de lxs jóvenes.

¡Basta de criminalizar a nuestrxs pibxs!
¡Justicia por Leo Sotelo!

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