Los votos de la tropa propia alcanzaron para que Horacio Rodríguez Larreta, cabeza del macrismo porteño, inscriba una nueva página oscura en la historia de la ciudad: Hay un nuevo código para espías y represores.
El Código Procesal Penal de la Ciudad sancionado ayer, es el Código del Ajuste.
Informantes (buches), agentes encubiertos (infiltrados), agentes reveladores (provocadores) serán pichones de Astiz, dedicados a armar causas contra integrantes de sindicatos, organizaciones sociales, partidos políticos, manifestantes.
De la mano de la “reforma que falta”, la del Código Penal que Macri quiere aprobar para que, por ejemplo, la figura del atentado y resistencia a la autoridad agrave su pena y queden presos los que llenan la ciudad de protesta contra el ajuste y el hambre, se multiplicarán las causas y se prolongarán las detenciones.
Enfrentamos desde ahora la ampliación del plazo de detención de 24 a 48 horas sin posibilidad de soltura inmediata, para someter al desgaste a lxs detenidxs y a quienes procuren su liberación.
Se podrán disponer escuchas indiscriminadamente, ilimitadas en el tiempo, porque se podrán repetir tantas veces como sea “necesario”, y el material se destruirá sólo y siempre que lo pida la fiscalía.
Los desalojos y persecuciones tendrán ahora el aval de la propia reglamentación, con más violencia a la violencia al despido, la falta de pago, el hambre y la miseria.
Es un cuerpo normativo plagado de violaciones y barbaridades propias del derecho penal del enemigo, para caerle con todo a los pobres y a los que luchan.
Eso votaron los enemigos del pueblo, los diputados macristas que, a la hora de justificarse, se mostraron como lo que son: amanuenses de un gobierno que empieza a ver cómo se le viene la noche mientras las calles se llenan de pobreza y de protesta.
Fue elocuente la mediocridad y la mentira de la mano de los diputados amarillos de Vamos Juntos (PRO y Coalición Cívica), que recurrieron a “etcéteras y demases” a la hora de explicar por qué Cambiemos es un “creador de trabajo” sólo para el área represiva, con un disciplinado ejército canalla de buchones y espías institucionales.
Los cambios que, entre gallos y medianoche, hicieron los propios oficialistas a su proyecto originario (dejaron de lado la legitimación de las vigilancias remotas de dispositivos electrónicos) son propios de la lógica duranbarbista que les enseñó a meter cien barbaridades bajando un par mientras se efectiviza la mayoría. Era imposible, aun para ellos, defender desde su retórica hipócrita tamaña medida fascista.
La oposición, unida, fue terminante con la denuncia del Código del Ajuste y su rechazo.
Pero ahora debe ir por su anulación. No hacerlo, relativiza ese rechazo y lo viste de oportunista.
Nos sumamos al rechazo y exhortamos a poner en pie una campaña por su anulación, y a movilizarnos contra este gravísimo avance represivo del gobierno del ajuste, del hambre y del FMI.

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