Lectura: 2 min.

El 14 de junio, alrededor de las 20:00, en Plátanos, un policía de la Ciudad -cuyo nombre ha sido cuidadosamente resguardado de toda difusión pública- disparó 9 veces contra Augusto Oscar Iturralde, de 25 años. Augusto murió en el lugar. Otro chico que estaba con él, escapó a bordo de una moto. A cierta distancia, entre unas bolsas de basura, se encontró un arma, que según la fuente sería un .32 o un .38, que podría haber descartado quien huía. Como sea, Augusto no tenía arma alguna y sólo se encontraron cerca de su cuerpo las 9 vainas servidas del arma reglamentaria del policía.

Dos días después, mientras Raquel, la mamá de Augusto, entraba en contacto con CORREPI a través de compañerxs de una organización barrial de la zona, Diego Nicolás Arzamendia, de 23 años, cayó herido de muerte por disparos de efectivos de la policía local de Berazategui en el centro de la ciudad. La versión oficial fue que amenazó con un arma blanca a varios oficiales. Diego era quien había logrado escapar de los disparos del policía de la Ciudad, y el único que podía contarnos lo que pasó ese día.

El innominado policía de la Ciudad que fusiló a Augusto ya fue liberado por la fiscalía de turno de Berazategui, y seguramente lo mismo sucederá -si no ocurrió ya- con el o los policías bonaerenses que mataron a Diego.

Buen ejemplo de cooperación interjurisdiccional para eliminar testigos y garantizar impunidad.

Desde CORREPI acompañamos a las familias y amigxs y decimos:

¡Basta de gatillo fácil!

¡Basta de represión!

Comments

comments