Como hoy, el 23 de diciembre de 2007 las calles Del Viso estaban repletas de familias que se disponían a realizar las últimas compras antes de la Nochebuena. Ese día marcaría un antes y un después en la vida de Antonio Espasa y de Laura, Natalia y Melisa, el compañero y las hijas de Sonia Colman.

Sonia, vendedora ambulante, ofrecía su mercadería en la esquina de Valentín Gómez y Ruta 26. Tres patrulleros perseguían un auto en el que huían dos jóvenes que habían robado una billetera. Eran las 14:30 de la tarde cuando el teniente Oscar Benítez, anticipándose a la doctrina Bullrich, disparó su escopeta Magtech para evitar la fuga de gente desarmada.
Sonia Colman murió instantáneamente cuando un perdigón le impactó en el corazón. Tenía 44 años. Así, su nombre pasaría a engrosar la lista de 2.164 asesinatos cometidos por el aparato represivo del estado, durante las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner.

Pero Antonio Espasa y sus hijas no se quedaron de brazos cruzados y transformaron su dolor, en lucha. Desde el principio, los familiares de Sonia contaron con el apoyo de distintas organizaciones políticas de la zona. Junto a CORREPI, se contactaron con todos los medios de comunicación que estaban a su alcance. Se organizaron marchas, festivales y jornadas de lucha.

Fruto de la organización y la lucha, Oscar Benítez fue llevado a juicio en 2011 y condenado a 8 años y medio de prisión por un tribunal que ignoró que era policía y mató en ese carácter, lo que imponía la perpetua.
Alojado en la Unidad 41 de Campana, el destino quiso que fuera perpetua. Benítez murió, preso, cuatro años después.

Muchas cosas han pasado en estos últimos 11 años, pero hay una realidad que se repite: los gobiernos pasan y la represión queda. Si durante el kirchnerismo el estado asesinaba una persona cada 28 horas, la puesta en marcha de la Doctrina Chocobar acorta los promedios. En la actualidad, el estado mata una persona cada 22 horas.

Son muchas las enseñanzas que nos trae la memoria de Sonia, quien en vida fue una reconocida militante de Pilar. “Cuando nos matan al ser amado, podemos quedarnos llorando en nuestras casas o salir a la calle -comentó Antonio Espasa en 2016- luchar contra el gatillo fácil y el aparato represivo del estado”.

Por eso, el 1° de diciembre estuvimos celebrando su memoria en el pasaje que se encuentra en la calle Los Olivos, al lado de la Estación Manuel Alberti. En esa ocasión, Antonio volvió a insistir en la necesidad de organizarse: “Hoy estoy acá para recordar a quien fuera mi compañera durante 25 años -explicó cuando estuvo al micrófono- pero no sólo por ello sino para exigir justicia por todos aquellos casos que quedaron en la impunidad o que están en proceso. A pesar de mi edad, estoy acá para luchar contra el sistema, contra el régimen y contra los gobiernos que llevan adelante estos planes asesinos y represivos del gatillo fácil”.

En tiempos de recetas neoliberales y proyectos electorales que profundizan aún más la represión al pueblo trabajador, se hace preciso mantener frescas las luchas que sostenemos. Por eso, el ejemplo de Sonia Colman nos fortalece y nos obliga a mantenernos alerta. Organización y lucha, es la única salida.

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