“Me presento. Mi nombre es Milton Iván Tolomeo. Tengo 39 años. Soy una persona que no soporta las injusticias y que siempre creyó que es posible cambiarlas, que siempre hay que involucrarse cuando éstas suceden y no resignarse ni mirar para otro lado.
Me desempeño como operario de maestranza de medio turno, y como masajista deportivo en mi gabinete privado del barrio de Parque Chacabuco. Me involucré en el tema del cuerpo humano porque entendí el cuidado del ser en todo sus ámbitos; y a su vez entiendo la importancia y la fragilidad que el cuerpo humano, eso me lo brindaron los cursos y capacitaciones como las que hice de socorrista en distintos lugares, pero, como siempre, busco ir un poco más allá, entiendo que en el humano no importa sólo el cuerpo, sino que también son igualmente importantes los ambientes socioculturales que éste habita, ya que impactan directamente en el mantenimiento de su salud.
A mi entender, la coyuntura actual social, política y económica conlleva un enorme agravante para los diferentes cuidados de la salud en todo su concepto, dado que afecta principalmente los estados psicoemocionales de las personas. Como a mí me sucedía, de tal manera no podía quedarme de brazos cruzados sin intentar hacer nada al respecto.
Desde diciembre de 2023 mi vida fue empeorando. No sólo la mía, claro, sino la de muchas personas que habitan el suelo de mi país, pero la más desequilibrante, dañina y opresiva fue la situación económica que me llevó a fragilidades tales como por ejemplo hacer cuentas para viajar: tener que calcular si tomarme dos colectivos, subte casi imposible, o caminar varias cuadras, por no poder pagar un boleto. También cambié mis hábitos alimenticios: dejé de comer saludable para pasar a comer lo que llegaba a comprar o saltear comidas por no tener dinero para cubrir las cuatro comidas diarias. Ni hablar de sostener un alquiler, cuando las subas no acompañan los salarios. Todo esto empeoró cuando en julio de 2024 me echaron de la fábrica en la cual trabajaba, “FERRUM”, sin causa. Se redujo la producción y, al no haber consumo interno, se achicaron horarios y, por sobre todo, se despidieron operarios. Yo fui uno de esos despedidos por el recorte (uno de los más de 400 hasta el momento en el que yo estaba, en la planta de Avellaneda). Fui uno más de esos desempleados que venía en crecida en toda la industria nacional. Experimenté en carne propia lo que venía escuchando en algunos medios de comunicación. Una familia más sin el sustento que otorga el trabajo.No podía aceptar eso como algo normal, no es una palabra ni una acción que yo comparta, porque considero que si uno no actúa, no pelea y no se manifiesta disconforme, se entrega a la resignación, sentimiento que no me representa. Había que estar en la calle manifestando mi descontento más fuerte que aquel 20 de diciembre del 2023, cuando se anunció la Ley Bases, que fue diseñada sólo para oprimir, controlar y dominar al ciudadano y a la ciudadana de a pie. Entendía que era una historia que continuaba por mi experiencia como hijo del 2001, y mis más certeros miedos cuando volvía a escuchar varios nombres y apellidos que formaron parte de esa historia: planes de ahogo económicos por el mismo apellido que nos llevó a deudas con el FMI fuera de serie, ajustes por otro apellido cuyo plan anterior fue llevarnos al agobio, todo sostenido por un sistema casi militarizado en las calles a cargo de las fuerzas de seguridad, también por orden de un apellido de la trǵica historia de diciembre del 2001 (los nombres y apellidos los saben, no hace falta decirlos, pero si anda algún desmemoriado o distraído, son Caputto, Sturzeneger y Bullrich)De más está decir que salir y permanecer en la calle no alcanzó para frenar el plan maquiavélico de estos personajes y su gobierno. De hecho, fueron mucho más violentos en todo su accionar y sometieron a toda la clase trabajadora, provocaron y causaron miedo y agobio en todo trabajador y trabajadora. Sistematizaron el temor obscenamente generando miedos reales como a que te echen de tu trabajo, que no consigas trabajo (por la alta tasa de desempleo). Que no puedas comer, y en el peor de los casos, que te metan preso (como lo hacen ahora conmigo). Persiguen y atacan a cada persona y a cada conjunto que decide no doblegarse a sus obscenas órdenes, y podría estar nombrando eternas luchas que atacan como lo son los trabajadores del Garrahan, Los Jubilados que miércoles tras miércoles la única respuesta que reciben es represión por parte del Estado. Esto último lo he visto muchos miércoles; no me lo contó nadie; lo vivía en carne propia: las abuelas tiradas en el piso con sangre, porque un miembro de la fuerza la empujaba con su escudo, de un jubilado con el brazo roto porque otro miembro de la fuerza lo había golpeado, de los fotorreporteros gaseados, atropellados y hasta golpeados con granadas de gas en la cabeza. Es muy triste que como sociedad esto no nos sorprenda y sea una imagen común de todas las semanas. Como también lo es ir los miércoles sabiendo que te van a gasear, pegar, empujar, y demás abusos violentos por cualquiera de las tres fuerzas o peor, de las tres juntas. He ido llorando en el colectivo sabiendo que era injusto presentarme para que se violenten, sólo para decir que son ellos “los poderosos”. Los jubilados les estaban demostrando la real resistencia y les hacían saber que el verdadero poder proviene de los ideales de la lucha del pueblo.
Mi deber ideológico me decía que tenía que estar ahí y acompañar esa lucha por mis guía de camino: los jubilados y jubiladas de los miércoles.Un miércoles concreto, el 11 de febrero de 2026, se trataba en el Senado la “Reforma” Laboral, con la ley que era un abuso descomunal para todos los trabajadores. No era una ley que atrasaba, sino que era algo nunca visto, ni siquiera en las épocas de esclavitud, pero a eso apuntaba un poco ir, obvio que ese miércoles me iba a hacer presente para resistir ese atropello, aunque esa ley ya estuviese igual comprada en el Senado, en Diputados, en los sindicatos, la CGT, los gremios y la “¿oposición?” (si es que existe).Si bien mi infierno había comenzado antes, fue a partir de ese día que se puso aún más oscuro. Y no hablo precisamente de la violenta represión que comenzaron los efectivos de la PFA, su hidrante y el hidrante de Gendarmería, mediante el cual ya habían empezado a reprimir violentamente.
Mi infierno más profundo y el de mi familia fue puesto en marcha por el Ministerio de Seguridad el sábado 14 de febrero en el barrio de Avellaneda, más precisamente en el Club Biblioteca Popular Nicolás Avellaneda, donde realizaba tareas como masajista deportivo en un evento de boxeo de Alberto Melián, realizando masajes a voluntad a los deportistas que peleaban, para concientizar acerca de los beneficios del masaje pre y post competitivo.Terminado el evento, a eso de las 00:00 hs del domingo, irrumpieron al club alrededor de 70 efectivos, algunos de ellos con chalecos azules; otros, de civil y sin identificación. Me rodearon, me tomaron por la fuerza, desproporcional y desmedida, como están acostumbrados a ejercer sobre un trabajador, en este caso, de contextura delgada (60 kilos), morocho, sin recursos económicos ni poder político. Me sometieron a tratos violentos, me impidieron hablar, me agredieron verbalmente, me dijeron que yo estaba detenido y mellevaron violentamente por la puerta de atrás, amenazando con romper toda la puerta en caso de que no les dieran paso. Me subieron esposado a una camioneta no identificada. Me golpearon dentro de ella. Durante todo ese proceso, yo les decía que no estaba ofreciendo ningún tipo de resistencia y que iba a cooperar, para calmar al oficial (que no estaba identificado). Se encontraba alterado y nervioso. Yo a esta altura tenía bastante miedo por su comportamiento sin saber por qué había tantos efectivos y porque ningún “móvil” estaba identificado. Me trasladaron a una estación de servicio Shell, me bajaron de la camioneta, me presentaron frente a más personas, ninguna se identificó, todos estaban vestidos de civil, me sacaron fotos y me volvieron a subir no recuerdo si a ésa o a otra camioneta diferente. Me trasladaron a una dependencia de la PFA en Avellaneda, sobre la Avenida Hipóloto Yrigoyen. Empezaron a preguntar por mi persona, si había alguien en mi casa, a lo que respondí que no. Me advirtieron que si estaba mi novia allí, que yo les avisara, porque “la va a pasar mal”. Les entregué las llaves de mi casa. Luego de un rato de tenerme ahí, me exigieron que les dijera dónde estaba la ropa, las zapatillas y todo que “hable porque me van a romper toda la casa y tirar las paredes si es necesario”, a lo que respondí que no entendía lo que me hablaba y qué quería. Me trataron de leer mis “derechos”, y les dije que no comprendía nada, porque quien lo lee no es claro, se trababa y titubeaba, como si le costara o no supiera leer. Luego de un largo tiempo, me volvieron a subir a un auto, todo esto ya con varios teléfonos filmándome. Aún continuaba un alto número de policías. Los teléfonos y las filmaciones comenzaron a ser más importantes y de mayor interés en filmarme en situación de detenido. Parecía prioridad visualizar mi imagen que el procedimiento en sí. Me llevaron a Azopardo (edificio biométrico / médico legista). Luego, me trasladaron a Lugano en otro auto con destino a la Alcaldía nº 8 de Madariaga. Creo que después de tenerme toda la madrugada de pie mientras llenaban formularios y demás, me bajaron a una celda alrededor de las 7:00 am. Me recibieron otros detenidos con los cuales iba a convivir unos cuatro o cinco días.
Me llamaron el lunes por la tarde para citarme ante el tribunal de contravención y faltas en flagrancias nº 6 de CABA. Me reuní, esposado y con un efectivo de la PFA a cada lado, con mi abogada, María del Carmen Verdú, y solicité que me sacaran las esposas y nos den privacidad de hablar. Sólo ceden al pedido de quitarme las esposas, pero no se retiraron de la habitación, entonces, tuvimos que hablar bajo sus miradas y atención, ya que me negaron tener privacidad con mis abogados.
Luego, cuando dieron sala de audiencia, me senté frente al juez y demás personas, y tuve que escuchar al fiscal acusarme de varias cosas ante las que no sabía si reír o llorar. Entre ellas, las de ser un terrorista. En ese momento mi cara ya no era de asombro ni de escucha. Ahí me preocupé, sentí como que el fiscal estaba diciendo palabras ya antes nombradas por políticos de este gobierno. Sentí como que estaba leyendo un escrito hecho por la Ministra de Seguridad Monteoliva, insistendo con la figura de terrorismo, que intentó instalar en todo momento. Para mi sorpresa y miedo, escuché que me pedía de 5 a 15 años de prisión. Me pregunto ¿qué tan terrorista soy? ¿Qué terror causé? ¿Acaso formo parte de una organización (no estoy en ninguna) que se financia con coimas del organismo que debe velar por los derechos de las personas con discapacidad? ¿Acaso estoy bancado por los narcos como Fred Machado? ¿Fui o soy partícipe de una estafa a los argentinos, como lo es LIBRA? ¿Soy yo quien miércoles tras miércoles saca a tres fuerzas armadas para “combatir” y pegarles a los jubilados? ¿Me financio con robos al Estado y sus contribuyentes? ¿Apaleo al pueblo trabajador día a día, aumento tras aumento?
Yo no participé en ninguna de las estafas nombradas. Ni siquiera elegí someterme a EEUU con dinero del que desconocemos cómo y en qué condiciones vamos a recibir o devolver, pero resulta que el terrorista y el que tiene que estar preso soy yo.
Disculpas por mostrarme descontento con el abuso del Estado sobre el pueblo argentino. Parte del pueblo, porque hay otra muy pequeña parte y, oh casualidad, son los que más poder adquisitivo tienen, se favorecen. Pero el terrorista para este fiscal soy yo. Quisiera conocer su visión y su trabajo en casos anteriores.
Luego de salir del Juzgado 6 me devolvieron a Lugano. El martes me notificaron de mi traslado a Ezeiza. “Qué rápido actuó la justicia”, pienso, por no decir que la justicia fue sumisa y mandada por el Ministerio de Seguridad. ¿La Justicia es fuerte? O se muestra fuerte cuando el ministerio y el gobierno así lo ordenan? Si fuese fuerte, ¿no sería más justa y mostraría su fortaleza con los poderosos? La justicia se hace la poderosa con los débiles, porque es sumisa al poder. La justicia ya no es un poder separado: trabaja en conjunto con el poder débil de turno.
El miércoles a primera hora del día llega el médico legista. El mismo que me había visto en Azopardo. Me llevan a la sala continua de la alcaidía y mi sorpresa fue muy fuerte al ver varios miembros de las fuerzas especiales esperando por mí. Comenzaba nuevamente el show de las cámaras de celulares. Enfocan varios hacia mí. Me piden que me coloque un traje que a mi entender es ropa de trabajo. Poniendo la misma ropa a un preso que a un trabajador, detalle que me parece no menor. La ropa varios talles más grandes. Todo lo que decía y hacía tenía que ser siempre mirando a cámara, lo que luego entiendo de esto es que era para el show de la Ministra de Seguridad y su gobierno. Para sus redes.
Me ponen un chaleco y casco para trasladarme en un camión blindado al Penal de Ezeiza. Logro ingresar pasado el mediodía. Ahí me informa un miembro del Servicio de Fuerzas Especiales que voy a ser alojado “con los de Rosario”. “Los narcos”, me dice. Hasta ahí yo no sabía de qué se me estaba hablando. Paso la primera puerta y me recibe gente con casco, pasamontañas y más cámaras. Me informan que estoy bajo el ilegal e inconstitucional “Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo” (de ahora en más, “SIGPLAR”). Todas mis pertenencias y yo pasamos por un escáner. Secuestran mis libros, mi lapicera, mi cuaderno, mi ropa. Me tratan como su fiera una de las personas más peligrosas del país, y todo esto sin ver un rostro ni una identificación. Estoy aturdido. No comprendo el porqué, ni nada. Me llevan a una diminuta celda y me encierran ahí. Otros detenidos se acercan por una mirilla a mi celda y me cuentan un poco dónde estoy y bajo el régimen que me encuentro. Entonces, quedo todavía más aturdido, porque yo estoy en esta pequeña celda con un colchón un poco más ancho que un cartón, y bajo las condiciones que me cuentan mis vecinos de celda. Son ellos los que me muestran un trato y un costado humano alcanzándome elementos de higiene básicos, para limpiar la celda sucia y yo poder higienizarme. Me dicen que van a darme un recreo de la celda el jueves al mediodía, que era mi horario de esparcimiento. Ese recreo constaba de cuatro horas fuera de la celda, las otras veinte horas diarias tenía que estar encerrado y solo. Ese miércoles 18/02 me encontré experimientando por primera vez lo que es la tortura del SIGPLAR. Esas primeras horas era gente acercándose a la mirilla para saber si necesitaba algo. Eran los otros presos. El personal no se volvió a acercar hasta las aproximadas dieciséis o diecisiete horas para hacerme entrega de la cena, que para mí era el desayuno. Esa noche dormí poco, entrecortado y mal. No sabía que así iba a ser mirutina de sueño durante todo el próximo mes. Al otro día, me sacan de la celda a las 8:00 am, conozco a mis compañeros de recreo.
La convivencia con estas personas representó el contacto más humano que yo tuve ahí adentro. Ellos no entendían cómo una persona primaria, sin causas anteriores, sin antecedentes, sin haber nunca estado en un penitenciario, caía en ese sistema, en el SIGPLAR. En los siguientes temas desconozco la sincronización, día y horarios exactos, porque una vez que se entra al sistema te aíslan de tus vínculos: abogados, noticias, reloj, de todo el exterior, eso lleva a cualquier ser humano a una confusión temporal, de horarios y fechas, que es impresionante.
Esa misma mañana, mientras me contaban dónde estaba, me cocinaron como lo hicieron durante todo el mes siguiente, siempre tratando de darle sabor a la comida que entregaba el SPF. Estos compañeros junto con los otros internos (eran catorce) me demostraron lo que es la solidaridad, y el lado humano en situaciones difíciles. Los presos “más peligrosos” me brindaron apoyo.El primer contacto con el exterior lo tuve de Natalia, de la Procuración Penitenciaria Nacional. Ella me trajo novedades de mi entorno familiar y de mi abogada. Esto fue el 26 de febrero, porque en mi ingreso al sistema me retiraron todos mis números telefónicos que tenía anotados en un papel: eran los teléfonos de mis familiares y abogados. Me dijeron que se los entregara, que ellos se iban a comunicar. Me hicieron llenar un formulario con sus teléfonos y nombre para así yo podía comunicarme (nunca sucedió: estuve sin comunicación con mis vínculos todo el tiempo que pasé secuestrado bajo el SIGPLAR: un mes entero).
Natalia me dijo que mi abogada estaba haciendo lo imposible para ponerse en contacto conmigo, que por suerte pudieron ubicarme, ya que en ningún momento se habría comunicado mi traslado a este sistema. No lo sabía mi defensora, no lo sabía el juez de la causa, lo cual a mi entender es muy grave. Si el juez no designa que yo ingrese al SIGPLAR ¿quién lo ordena? ¿Qué persona u organismo designa tan autoritariamente mi condición de recluso? ¿Acaso el fiscal tiene más autoridad y su decisión pesa más que la del juez? ¿O fue el Ministerio de Seguridad que intervino directamente en las decisiones en las que le toca arbitrar a la justicia?Procuración trae un poco de calma a mi persona, porque supe que no estaba sólo y abandonado como pretende colocarme el sistema. Tengo a mi familia ahí afuera y a mi defensora activando pero no dejarme en el olvido. Gracias a todo el conjunto de personas que hacen posible que existan organizaciones como CORREPI: sin ellas, mis palabras serían otras o no tendría por qué. Seguiría aislado. Natalia me confirma un poco más del régimen y me dice todos los NO puedo que me van a tocar afrontar en el sistema.
Transcurren los días en Ezeiza, sin poder comunicarme con mi familia ni con mis abogados. Yo recién tendría novedades de ellos dos el 6 de marzo calculo, día en el que, después de insistir y de que les hayan negado el acceso a verme en ocasiones anteriores en el penal, me dicen que ellos el 03/03 habían enviado un e-mail al juzgado autorizando los números de mis abogados para yo así poder hablar con ellos. La visita que tengo de ellos es por tiempo reloj, de una ahora exacta. A través de un vidrio y hablando por un teléfono en cadapared separados por un ventanal de vidrio, con cámaras y micrófonos. Con esa “privacidad” contábamos. Transcurrido el tiempo sonó el timbre y nos tenemos que despedir. Ante cada salida que yo tenía fuera del pabellón, las requisas consistían en sacarse las prendas de arriba, pantalones, zapatillas, medias y bajarte los calzoncillos. Te hacían dar vuelta con los calzoncillos bajos, abrir la boca y si te encontraban un papelito o algo escrito te amenazaban con sancionarte. Así de humillante era después de cada vez que te “veías” con alguien de afuera: un Guantánamo en Ezeiza.
Si bien mi abogada había recibido la confirmación del juzgado con el ok de mis defensores confirmados por jefatura interna del sistema, yo seguía sin poder comunicarme con ella¿Por qué? Porque por más que el juez dictara algo, se informe a los defensores, jefatura acepte, todo debe pasar por la Coordinación. Y ¿en qué consiste esta área?Él es quien determina lo que se puede y lo que se quiere. Es la traba que frena todo despacho entre el personal del SPF y el recluso. Es el organismo que le dice “NO” a todo. Se le envía audiencia y no responde. Se le envía habeas corpus y no acata ni responde. Se maneja con tal impunidad con respecto a los derechos de los reclusos, que no le da la mínima importancia a los DDHH ni a las normas internacionales de protección de las personas. Tal violencia solo puede ocurrir con el pleno aval y el pleno apoyo del gobieno actual.
Esto ya me lo habían advertido otros presos: “si te dicen que están esperando que lo envíe Coordinación, dalo por perdido, porque ignoran cualquier solicitud y documento que uno desde acá les solicite”.
A todo esto ¿cómo podía yo sacar audiencia desde Ezeiza? El encargado de turno traía “unos papelitos” éramos 15 en el pabellón: los papelitos a veces podían ser 15, 10, 8 ó 5, dependiendo del antojo del día del sistema. Teníamos que ver quién pedía audiencia de los 15, dependiendo de la urgencia nuestra y del área que necesitáramos esa semana. Las áreas son visita, sociales, jefatura, médico de planta, odontología, coordinación, criminología, “educación”, “trabajo”, pañol y algunas más. Diez áreas, aproximadamente.
Quince presos. Diez papelitos. Así se manejaban. La birome te la daban ellos para que pidieras audiencia en ese momento, porque no nos permitían tener birome, cuaderno, papel ni libros. Ropa limitada, pero pastillas psiquiátricas, te las ofrecían sin que las pidieras.
El área de “educación”: acá, si insistías mucho, te podían dar un libro; pero lo que era estudio, capacitación no existía. Algún curso con fotocopias: no más que eso.
Trabajo: no brindaban ningún tipo de taller ni tenían interés en generar nada similar.Deporte: consistía en una hora semanal. Los cinco internos del recreo de ese horario. Una canchita de fútbol llena de pozos y peligros para desarrollar actividad deportiva . Era una cancha cerrada entre cuatro paredes, con rejas por todos lados, inclusive el techo, y te daban una pelota. Eso era el área de deporte. Nada que se le pareciera menos a lo que yo entiendo por tal cosa.
Médico de planta: me llama y me hace no más de tres preguntas, literal: si tengo alguna enfermedad, si tomo medicación, y qué resultados tenía de mi extracción de sangre. (A mí me sacaron sangre, calculo que un extraccionista, y me preguntaba a mí por los resultados. En fin.) El profesional, antes de atenderte, te hacía firmar el cuaderno de actas, paraacreditar que te había visto. Debería ser un médico excelente, porque con tres preguntas ya sabía todo pero absolutamente todo de tu salud.
Odontología: aún sigo esperando respuesta. Se me había salido una funda dental en Ezeiza, tras lo cual envié un hábeas corpus, pero sigo sin atención (hoy: 30/03).
Visita: igual, te atendía después de enviar habeas corpus, encima te atendía mal y se enojaba cuando reclamabas la atención. Ni hablar de información. Como muchas de las áreas, te decía “está en Coordinación”.
Jefatura: ellos sólo querían demostrar que tenían poder y mandaban ellos (en realidad, sólo acataban órdenes de otros). Te decían frases como “¿Te das cuenta de que acá ustedes no eligen ni pueden hacer nada? Les manejamos hasta el control de la tele. Lo único que pueden hacer es respirar”.
Había que cumplir los objetivos de puntuación del programa. Entre ellos estaban “educación” y “trabajo”, y como dije antes, desde estas áreas no te brindaban nada. Con esa excusa te bajaban puntos de criminología, tanto de concepto como de conducta. Todos los internos estaban en desacuerdo al momento de los puntos, porque al bajártelos te complicaba aún más en las libertades.
En este sistema de Alto Perfil había algunos casos bien puntuados con 10 – 8, con excelente conducta. Pero, al ser casos mediáticos, los metían en este sistema, que, me parece importante remarcar, fue creado ilegalmente mediante una resolución) para combatir la violencia de Rosario, pero había gente como yo que no calificaba de “alto riesgo”. Y sin explicaciones más que si salía en la tele o se mediatizaba la causa, contás con dos posibilidades de caer al sistema: eso, sólo por ser mediático.
A mí me tocó experimentar este ilegal SIGPLAR desde adentro, por ser mi causa de pantalla y medios, experimenté no ver ni tener contacto con mis abogados ni vínculos afectivos de mi entorno. Me encerraban 20 horas diarias en una diminuta celda, nos filmaban hasta en las duchas, teníamos requisa dos veces por semana, estábamos privados de noticias a partir de que un director del SPF se quedó con plata que no le correspondía, no permitían el ingreso de depósito que mi familia y varias personas me querían hacer, porque desde el día uno que yo estaba pidiendo elementos de higiene y limpieza básicos: lavandina, jabón, papel higiénico, un trapo. Así de básico no sólo no me entregaron hasta un día antes de irme, sino que tampoco me permitía hacerme cargo a mí de los elementos de higiene, sino fuera por la solidaridad de los detenidos, no hubiera tenido nada. El único contacto con afuera fue la Procuración. Cuando bajaron una comitiva y les pudimos contar todas las falencias del alojamiento y del sistema en sí, cómo afectaban nuestra vida, querían vender en las cámaras un Guantánamo en Argentina, y era un mamarrachoanti-derechos. Para los videos y spots, todo el dinero, pero para sostener eso se notaba gran falta de presupuesto y predisposición: falta de elementos de higiene básicos, falta de ropa (sólo me entregaron ese conjunto en Lugano, varios talles más grandes que el mío). Faltante de calzado. Nunca me dieron calzado. Faltante de agua en el baño, faltante de ducha, y, por sobre todo, faltante de humanidad.
Quiero resaltar un detalle no menor: todo el personal usaba pasamontañas y en el costado del pasamontañas todos llevaban una bandera de EEUU bordada, sublimada o como etiqueta (no sé, a mí me hacía ruido ¿no? Lo dejo para que lo piensen).Haber ingresado en este sistema implicó una tortura psicológica para mí. Estuve privado de todo derecho constitucional y legal. Era una locura no saber días, horarios, comer mal, dormir peor, te venían a iluminar con linternas a través de las mirillas mientras dormías.
En un momento comencé a realizar actividad física junto a mis compañeros de recreo. Pero al Servicio le molestaba que se dibujara (con pasta dental, a falta de tener otra cosa) el piso del patio, un patio de 10 x 5 con rejas hasta en los techos altos. Todo lo que realizáramos para evadirnos o generar distracción, el sistema , mediante requisas, nos lo quitaba. Yo dibujaba círculos y cruces para marcar ejercicios de boxeo y en una de las requisas vinieron a decirme que no las hiciera más, que estaba “prohibido”, como casi todo allí adentro.
En otra ocasión, armamos un ajedrez “tumbero” con cartas para las fichas y tela para el tablero y lo secuestraron. Cartas armadas, las secuestraban; ejercicios, nos los prohibían. Así nos hacían vivir: nos negaban toda posibilidad de dignidad. Puedo escribir recién ahora lo que recuerdo de esa locura sin entendimiento para mí porque forma parte de ese programa de tortura que no debería existir, pero para peor también funciona en Marcos Paz otro SIGPLAR más estricto, en condiciones, por lo que me dijeron, de 23 horas de encierro y 1 hora de recreo. Quiero dejarlo bien claro: estos programas ilegales de tortura son una verdadera aberración. Yo aún desconozco mi fuero dentro de ese maldito sistema. Mis compañeros estaban sorprendidos porque siempre se decía que quien entra al sistema no sale. Cuando a mí me buscan el miércoles 19/03 a aproximadamente las 17 hs, se va sorprendido el mismo personal de pasamontañas diciéndome “¿Existe esto?” que era mi traslado a un pabellón común. Es entonces cuando me trasladan de Ezeiza a Marcos Paz. Tampoco sé por qué hasta el miércoles a las 17 hs era considerado uno de los presos más peligrosos del país y después, a las 20 horas, ya era un preso común. Lo que sí sé es que le agradezco y le debo mucho a María del Carmen Verdú, por trabajar e insistir siempre en mi liberación y por brindar apoyo a mi pareja Eva, que es la persona que más presente estuvo, que se cargó cada minuto de su vida desde mi detención a hoy, para que yo recupere mi libertad. Se transformó en una persona aún más admirable para mí, porque me llena de orgullo tener una compañera tan aguerrida como demuestra ser Eva, sobreponiendo su bienestar a la causa y lucha por mi liberación. Yo por suerte hoy recuperé la palabra al moverme del SIGPLAR. Tengo mis pensamientos aún no encontrados con respecto a mi traslado, y también mis miedos.
Responsabilizo al Ministerio de Seguridad, al Gobierno en su conjunto, al Servicio Penitenciario Federal, a la Ministra de Seguridad Monteoliva si le llegara a pasar algo a mi integridad física. Yo soy una persona que tiene muchos deseos de vivir y que sueña con una vida allá afuera. No me voy a callar. No voy a dejar de actuar como ciudadano político.Porque mis principios y valores son mi fortaleza. Yo soy una persona que no va a hacerse daño, no se va a envenenar, no me voy a suicidar, ni tengo conflictos con otros internos del Módulo V Pabellón I de Marcos Paz. Entiendo que soy un preso político en épocas de dudosa democracia. Escribo estas horas para libre difusión con previa autorización de Eva Laura del Rosario, quien es la que se puso al hombro y cargó con esta lucha. Escribo esto para que quede asentado como documento para mis abogados: Rodolfo Zárate y María delCarmen Verdú. Para mi familia: Eva, mi pareja; Mauro, mi hermano; Soledad, mi hermana; María Alejandra, mi tía; Eduardo, mi padre; Silvia, mi madre. Amigos, como Juli y Papu, porque toda esa red junto con las organizaciones sociales, asambleas (es especial, la de Lanús), personalidades políticas, instituciones como la Procuración, organismos de DDDHH, y demás individuos que sostienen mis días como preso político, gracias a todos por tomarse el tiempo de leerme para entenderme y comprender.”
Milton Tolomeo. 30/03/2026. Marcos Paz.
Difusión sólo con autorización de Eva Laura del Rosario. La autorizo a editar libremente este texto.









