Walter Robles (19) y Leandro Pérez (18) eran dos pibes del barrio de Fiorito que, lamentablemente, tuvieron el mismo destino que tantos otros jóvenes humildes de clase trabajadora de los diferentes barrios populares del país. Los dos fueron fusilados por la espalda por el policía federal Maximiliano Germán Ledezma, un 25 de Septiembre de 2010. Ledezma se desempeñaba, en ese momento, como custodio presidencial. Por supuesto que la versión de los hechos que brindó Ledezma estaba tergiversada de manera tal que pareciera que su accionar podría enmarcarse dentro de lo que le dicen “legítima defensa”: el custodio de la presidencia afirmaba que su vida se había visto amenazada cuando los dos jóvenes habían querido robarle la moto, y lo amenazaron a punta de pistola. Afortunadamente, varixs vecinxs del barrio pudieron atestiguar el hecho, y desmintieron esta versión. Inmediatamente después del asesinato, la calle Pío Baroja se llenó de vecinxs indignadxs que habían visto claramente cómo el policía había disparado contra dos jóvenes indefensos que corrían en dirección opuesta a él. En vano fue el intento de Ledezma de ensuciar la escena al colocar un arma al lado de los pibes, nadie en el barrio compró esa historia.


Nélida, la mamá de Lean; y Marcela, la mamá de Walter, decidieron no quedarse calladas masticando el dolor y la angustia en soledad, y se organizaron en CORREPI para dar la pelea en las calles, para que se haga justicia por el asesinato de sus hijos en manos del aparato represivo del estado. Gracias a la lucha organizada se logró en 2013 llevar a Ledezma al banquillo de los acusados. Lxs vecinxs del barrio que habían presenciado el hecho no dudaron en brindar su testimonio. Todxs coincidían en que, al instante en que Ledezma se identificó como personal policial y sacó su arma reglamentaria, los pibes salieron corriendo en dirección opuesta “como alma que lleva el diablo” -en palabras de uno de los puesteros de la cuadra-. Inmediatamente, el policía comenzó a disparar, vaciando un cargador entero. Cuatro balas hicieron impacto en la espalda de Walter y tres en la de Lean. Desde CORREPI asumimos la defensa de lxs familiares de las víctimas y exigimos que se juzgue a Ledezma a reclusión perpetua, por haber cometido un homicidio en calidad de agente del brazo armado del estado. El fiscal de la causa, ante la claridad de los testimonios y las evidencias, pidió que se condene al policía a 20 años de prisión. Sin embargo, los jueces Villamayor y Dellature, del Tribunal Oral en lo Criminal nº 3 de Lomas de Zamora, prefirieron creer la versión policial, considerando que Ledezma había actuado en “legítima defensa”, y que “pudo legítimamente haber creído que estaban armados”. Corroboramos una vez más que la balanza de la justicia se inclina siempre hacia los poderosos. Pero por supuesto, la rabia de lxs familiares y vecinxs frente a este indignante fallo, continuó transformándose en organización y lucha, expresándose en las calles, hasta que finalmente se logró, trece meses después, en un fallo unánime de la Sala I del Tribunal de Casación Penal provincial, que se revoque la absolución, y se condene a Ledezma por homicidio.


Se cumplen hoy 8 años de este brutal asesinato que despertó la rabia y la indignación de lxs vecinxs de Fiorito. Y, lamentablemente, continuamos viendo casos como este replicarse con mayor frecuencia en todas las barriadas populares del país, demostrando que el gatillo fácil es política de estado. Una política que, desde que asumió el gobierno de Cambiemos, se ha profundizado de manera alarmante, llegando a arrebatar la vida de un ser querido cada 23 horas, más de un pibe muerto por día. El intento de legitimar las acciones de estos asesinos, como hicieron en su momento los jueces que pidieron el sobreseimiento de Ledezma, se profundiza cada vez más y se hace cada vez más explícito a través de los claros mensajes que envía el actual gobierno cuando recibe al policía local Chocobar en la Casa Rosada, mostrando un claro respaldo a quienes obren de esta manera. Así, el Estado reafirma su necesidad de profundizar la represión policial en los barrios para mantener disciplinada a la clase trabajadora en un escenario de brutal ajuste económico.
Pero, por más que lo intenten, sus políticas represivas no van a detener la lucha del pueblo organizado, que continúa en las calles levantando la bandera de nuestros pibes, manteniendo viva su memoria. Por eso, hoy seguimos diciendo:

¡WALTER Y LEAN!
¡PRESENTES!
CONTRA LA REPRESIÓN, ORGANIZACIÓN, UNIDAD Y LUCHA.

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