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“Soy la mamá de Fabián Gorosito, asesinado el 15 de agosto de 2010, en la comisaría de Mariano Acosta, por 11 policías. Hoy esa misma policía nos sigue amenazando y amedrentando”. Con esa contundencia, María Viera, una de de las tantas personas a las que el Estado arrebató un ser querido, denunció el martes pasado en los Tribunales de Morón la situación por la que vienen atravesando quienes llevan adelante la lucha por juicio y castigo.
Nada es casual en tiempos en que impera el gatillo fácil como política pública de Estado, cuestión que no hace mella en ninguna geografía, por más diferencia de colores entre quienes administren municipios y provincias. Si se trata de domesticar a los sectores populares al costo que sea, porque el modelo de acumulación de ganancias lo requiere, el Estado no le hace asco a nada y apunta sin temblarle la mano a quienes interfieren en sus planes.
El caso de Fabián desnuda la podredumbre del sistema judicial y político, y pone en evidencia una vez más que sólo con lucha organizada se puede combatir la política represiva estatal y lograr que se juzgue a los verdugos de nuestrxs pibxs.
Era agosto de 2010 y en Merlo gobernaba el eterno caudillo Raúl “Vasco” Othacehé de la mano del PJ y el kirchnerismo. Eran costumbre la persecución política y los aprietes en el territorio a los que se oponían a su gestión. Historia conocida para lxs luchadorxs populares. En los barrios, los ejecutores de esta política eran los represores de chapa y uniforme de siempre. El 11 de agosto, los hermanos Daniel y José Mancini junto con Daniel Silva, fueron a comprar cervezas por el barrio. No llegaron a destino. Policías de la seccional 6ª de Mariano Acosta los detuvieron arbitrariamente para torturarlos y exigirles el paradero de Fabián. El motivo alegado: Fabián supuestamente era amante de la esposa de uno de ellos y se la querían cobrar. El 14 de agosto, Fabián fue secuestrado a la salida de un boliche en Marcos Paz y su cuerpo apareció al día siguiente, en un descampado a cinco cuadras de la estación de trenes Mariano Acosta.

Un pibe de barrio y trabajador de un frigorífico. Tenía 22 años.
La pantomima judicial (siempre fiel a la versión oficial de los asesinos) hizo que, en 2013, el Tribunal Oral Nº 5 de Morón los absolviera a todos. Mientras la querella y la fiscalía apelaban este burdo fallo, en 2014 el Tribunal Oral Nº 1 condenaba a 13 años de prisión a Ángel Manuel Sosa por haber secuestrado y torturado a los hermanos Mancini y Silva.
La misma justicia de clase, en sus ánimos de no parecerlo tanto, a través de la Cámara de Casación Penal tuvo que reconocer lo grosero del fallo judicial para luego anularlo y dar inicio a un nuevo proceso.
Es octubre de 2018 y el cambio de administración política se hizo notar por estos lados. En Merlo, gobierna otra variante del PJ. A nivel provincial y nacional, la mano de hierro de Cambiemos se hace sentir en los sectores obreros y populares con la doctrina Chocobar como mandato a ejecutar en las barriadas populares.
Cuatro años después y nuevamente en los Tribunales de Morón, se juzga a Adrián Giménez, Pablo Nievas, Raúl Ortiz, Cristian Fortunato, Luis Fernández, Hernán Oviedo, Gabriel Sánchez, Leonardo Ose, Rubén Villalba, Marcelo Dipierro, Gonzalo Cueli y Aixa Soledad Sosa, policías bonaerenses implicados en su secuestro y posterior asesinato. Todos, aun con todo lo acontecido, continúan libres, y en funciones.
Antes y durante el proceso judicial (que aún no termina) la familia de Fabián, los abogadxs de su querella y todos los testigos de la causa fueron y siguen siendo fustigadxs por la misma policía. En distintos niveles y con variadas modalidades. Hostigando con patrullas sin patentes o con vehículos con vidrios polarizados. Amenazando directamente a los tiros a María Viera o golpeando ferozmente a Daniel Mancini. Maniobras que desnudan las miserias de un sistema presionado por una lucha que lo obliga a reconocer un crimen cometido por sus perros guardianes. Manotazos de ahogado de una institución represora que pretende erosionar la voluntad de lucha de lxs que no olvidan, ni perdonan. Lucha que evidencia el colmo del mismo sistema, enviando represores a “proteger” del accionar de otros represores.

En la conferencia de prensa del martes 16, que fue acompañada por organizaciones populares de la región y referentes de la lucha antirepresiva, el testimonio de José Mancini fue uno de los más claros: “la justicia no está para los pobres y sólo nos queda hacer esto para que nos escuchen. Nos quieren proteger los mismos policías a los que le estamos haciendo juicio, los mismos policías que me torturaron toda una noche y un día”.

Que no se olviden policías, jueces y fiscales: María, no está sola. Y como ella mismo dijo, nada detendrá la lucha por justicia.

¡Basta de Gatillo Fácil!

¡Justicia por Fabián Gorosito!

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