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El domingo asumió Javier Milei y se confirmó la primera mentira de gestión: el ajuste es inevitable y bajo la metodología de shock. ¿Lo va a pagar la casta? No, lo vamos a pagar nosotrxs. Y lo van a defender usando la represión.

La tristemente célebre imagen se materializó. Con una impronta intencional y simbólicamente estadounidense, Javier Milei y Victoria Villarruel asumieron el control del Poder Ejecutivo Nacional. Rodeado de exponentes de la ultraderecha internacional, como Bolsonaro, Zelensky, Orban y repudiables personajes locales, como Duhalde y Macri, Milei pronunció un duro discurso desde las escalinatas del Congreso Nacional, después de recibir la banda presidencial y el bastón por parte de Alberto Fernández.

Confirmado el gabinete, con el retorno de Patricia Bullrich al ministerio de Seguridad, la línea argumental del flamante presidente fue falsear datos para hacer aparecer aún más grave la situación económica y social, para justificar así el brutal ajuste que se avecina y ponderar las fuerzas represivas que se ocuparán de defenderlo en las calles.

Datos falsos como la proyección del 15.000% de inflación, incomprobables estadísticas sobre el abordaje sanitario de la pandemia (acaso uno de los muy pocos aciertos del gobierno saliente) o la manipulación de información respecto de la crítica situación educativa nacional, son la advertencia de cuáles son las vías de ajuste económico sobre las que va a avanzar la cartera sobreviviente, al mando del endeudador serial Luis Caputo. En su cruzada contra “la casta”, Milei repitió hasta el cansancio que le cargaría el costo de sus “soluciones”. Sin embargo, el domingo fue claro: el ajuste va a recaer en el estado y no en el sector privado. Un trabajador de la economía popular que percibe el programa Potenciar Trabajo, un empleado de cualquier dependencia estatal, un docente o una médica NO SON LA CASTA. 

La vida cotidiana de muchísima gente hoy es dramática, marcada por las dificultades para garantizar condiciones básicas, como el techo, la comida, o el acceso a salud y educación. Es sobre ellxs que caerán los recortes. El famoso shock que promete el presidente, contraponiéndolo al “gradualismo” que aplicó su ahora socio Mauricio Macri, es ni más ni menos que una brutal transferencia de recursos estatales que deberían ir a mejorar la situación de millones personas que se encuentran en la pobreza y la indigencia, hacia el sector privado. Milei enfatizó en la leyenda que se leía en muchas remeras alrededor de la Plaza de los dos Congresos: “No hay plata”. Lo que empieza a clarificarse es para quién.

Cuando Milei vaticina una inflación total de casi 100% para los próximos tres meses, producto de la desregulación absoluta de precios y la eliminación de subsidios (transporte, luz, gas, etc), advierte estanflación (inflación alta, con baja actividad económica y por ende, mayor desempleo), y concluye con que “la pobreza y la indigencia van a aumentar”, nos está diciendo lisa y llanamente que su modelo económico lo vamos a tener que soportar nosotrxs. ¿Te suena? Seguramente si. Ya lo prometieron primero Martínez de Hoz, luego Cavallo (en dos oportunidades), y por último Macri, junto a Prat Gay, Caputo, y compañía. Una película cuyo final trágico ya conocemos, siempre a costa del hambre y la sangre del pueblo.

Las fuerzas del cielo usan gorra y uniforme

El que las hace, las paga” fue uno de los principales slogans de campaña de Javier Milei y Victoria Villarruel durante los últimos meses. También lo repitió cuanto pudo Patricia Bullrich. Y esta obvia coincidencia tiene su correlato en el retorno de Bullrich al ministerio de Seguridad, cargo que ocupó entre 2015 y 2019, dejando las peores cifras represivas desde el retorno de la democracia. En su discurso, Milei se encargó también de enfatizar que el ajuste va a estar acompañado de una puesta en valor de las fuerzas de seguridad. 

Sin demasiado detalle, anunció el pase del Servicio Penitenciario Federal del área de  Justicia a Seguridad, la eliminación de DDHH del nivel ministerial con la redenominación del ministerio y los anuncios del ministro Cúneo Libarona de reducción drástica de personal en la secretaría de DDHH. Todo indica que bajaría a nivel de Dirección, con lo que recortarán las políticas vinculadas a las pendientes reivindicaciones históricas de organismos de DDHH y contra la violencia institucional.

En consonancia con Waldo Wolff, recientemente nombrado ministro de seguridad porteño, Milei está diciendo que se retoma la línea de premiar y defender a aquellos miembros de las fuerzas de seguridad que lleven adelante la represión con que frenarán el descontento social creciente que sus medidas van a generar. Se retoma la doctrina Chocobar que implementó Patricia Bullrich en “honor” al policía que asesinó a Juan Pablo Kukoc.

Luego de un silencio que nos permitió escuchar a un grupo de seguidores vitorear a los agentes de la represión al grito de “policía, policía”, Milei advirtió: “el que corte, no cobra”. Con un definido tono extorsivo, aseguró que quitará los programas sociales de subsistencia para quienes se atrevan a salir a la calle a reclamar por el empeoramiento de sus condiciones de vida. Palos para quien se oponga.

Sabemos bien que toda medida que empeore la situación económica del país, particularmente de quienes están en situación de mayor vulnerabilidad, expone aún más a los riesgos del crimen organizado y el narcotráfico, de los que el aparato represivo y sectores de la política son parte. Si a esto se le suma un retiro total del estado de toda política de protección, para favorecer a los Luis Caputo, los Paolo Rocca y los Marcos Galperín, una situación de por sí injusta, se tornará extrema.

Luego de semanas en las que las operetas políticas y la especulación coparon las pantallas, finalmente pudimos conocer desde la voz directa de Milei lo que nos deparan los tiempos venideros. Y también vimos a sectores civiles que han optado por su fuerza política celebrar los anuncios de “motosierra”, con la promesa de salir a la calle a defenderla. Lxs han convencido de que los culpables de todos los males son las políticas públicas y sus trabajadorxs, y que el ajuste lo pagará “un otrx” que no lxs incluye.

Se confirma entonces que todas las organizaciones del campo popular que pretendemos ser parte y defender a un pueblo con historia de resistencia y sus conquistas (aún cuando las fuerzas del cielo lxs hayan convencido de que el costo son ellxs), tenemos tareas obligatorias para la etapa que se abre: organizarnos, cuidarnos y unirnos para evitar que el gobierno, que nos promete pesadillas, las haga realidad.

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