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Miguela, vive en una de las villas de la Ciudad de Buenos Aires, en Ciudad Oculta. Uno de los barrios en los que en plena pandemia, siguen faltando los recursos básicos para poder cuidarse del COVID. Pero lo que sí está a la orden del día, es el permanente hostigamiento de las policías, gendarmería y prefectura a lxs vecinxs.

La cosa está muy picante en el barrio, no dejan a la gente ni ir a comprar. El otro día agarraron a unos niños que iban al kiosko, los pararon, los tocaron por todo el cuerpo y les pusieron el arma en la cabeza. Uno de los chicos tenía 3 años. Obviamente los vecinos salimos a defenderlos”.

Miguela se sumó a CORREPI después de que Damián Gómez, su hijo, fuera asesinado en diciembre de 2018 por un sargento de la PFA. A partir de allí, no sólo lucha por su hijo sino por todxs lxs pibes. “En CORREPI, yo aprendí a defenderme. Por más que seamos pobres, tenemos que seguir luchando porque tenemos derecho a que las cosas cambien”.

Con plena conciencia de que la represión siempre cae sobre los más pobres, la lucha organizada y colectiva nos hace fuertes  y nos mantiene de pie en cada barrio, ante cada situación de violencia represiva.

BASTA DE GATILLO FÁCIL, BASTA DE REPRESIÓN.

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