A nuestras compañeras, la represión les mató a un hijo por lo que es difícil imaginar que pueda ser un “día feliz”.
Así llegaron, así las abrazamos y las rodeamos del amor de compañeras y compañeros, un amor que logra reparar algo de eso que el estado rompió.
Entre todas y todos nos dimos fuerza, mucha fuerza, para transformar el dolor y la rabia en organización y lucha contra el gatillo fácil y la represión.
También para construir un mundo mejor para las y los pibes que vienen, para que a nadie más le arrebaten los sueños ni los derechos.
Hoy va nuestro abrazo y reconocimiento a todas nuestras mamás compañeras que un poco nos transformaron en sus hijos y nos dejan abrazarlas y acompañarlas siempre.





