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Hace más de diez días la población palestina sufre los ataques incesantes y discrecionales del ejército israelí. Han linchado palestinos, destruido escuelas, hospitales, oficinas de prensa independiente, centrales eléctricas, fábricas, centros de abastecimiento de comida y productos básicos y cientos de casas y edificios, condenando a miles de familias diezmadas por el colonialismo israelí a la pobreza extrema y a un inevitable éxodo de su territorio.

El sábado pasado, entre bombardeos indiscriminados de la fuerza aérea israelí y el asesinato de civiles palestinos, se cumplieron 73 años de la Nakba, el desplazamiento obligado de la población autóctona palestina a raíz de la creación del Estado de Israel en el año 1948, como producto de las negociaciones luego de la Segunda Guerra Mundial entre las potencias occidentales.

Durante todos estos años, en los que subsiste la ocupación ilegal de los territorios palestinos por parte del Estado sionista de Israel, hemos sido testigos de constantes y sistemáticas violaciones a los derechos humanos contra el pueblo.

Actualmente el Estado de Israel controla y condiciona el acceso al agua potable de la población palestina, a tal punto que los colonos israelíes consumen hasta cinco veces más recursos hídricos que los habitantes palestinos de los territorios ocupados, que sufren grandes penurias para satisfacer sus necesidades básicas y regar sus cultivos. La restricción al acceso a los recursos naturales se complementa con una clara prohibición a la circulación de la población palestina en los territorios ocupados, como así también con una legislación de acceso a la tierra que les restringe enormemente los derechos. Hasta Human Rights Waltch ha calificado el accionar del estado israelí como apartheid y persecución al pueblo palestino. El término elegido no es caprichoso. Constataron una clara intención de mantener una dominación racial de un grupo sobre otro y una opresión sistemática con constantes abusos a los derechos humanos sobre un pueblo que diariamente lucha en forma heroica para defender sus tierras y recursos de la ocupación ilegítima.

Frente a esas atrocidades, el gobierno argentino se limitó a señalar el “uso desproporcionado de la fuerza” por parte del estado israelí y condenar sus “excesos”, sin denunciar la política de ocupación y opresión de décadas, a la vez que cuestiona la respuesta defensiva del pueblo palestino.

En países como Argentina, Francia, Reino Unido, España, Túnez y en ciudades como Bagdad, Berlín y Bruselas se han realizado multitudinarias manifestaciones y protestas contra las atrocidades que viene cometiendo el Estado de Israel, llamando a sus gobiernos a condenar los ataques y a todos los pueblos del mundo a unirse contra las atrocidades cometidas, que ya contabilizan 212 muertos, entre los que se encuentran al menos 61 niñxs.

No hay que confundirse, no se trata de una cuestión religiosa. En varias de esas manifestaciones participaron sectores de la comunidad judía internacional no sionista, que condenan al gobierno israelí y piden el cese inmediato de la violencia ejercida contra el pueblo palestino. El pueblo israelí no es monolítico, como tampoco el palestino. La religión es solo uno de los clivajes que se observan. Los palestinos no se definen por su religión, los hay árabes y los hay católicos o judíos, hay yihadistas y hay revolucionarios. Y los israelíes, tampoco. Israel buscó instalar en la agenda la cuestión religiosa con el objeto de desviar la atención de la prensa internacional ante lo que pretenden disfrazar como “una más de tantas guerras religiosas que llevan ya dos mil años”. Hay ciudadanos israelíes judíos, ortodoxos y no ortodoxos, progresistas y conservadores, sionistas y no sionistas, laicos y practicantes. Por ello es fundamental entender que no se trata de un problema religioso ni que el pueblo israelí en su conjunto apoya la guerra colonialista, es el Estado genocida de Israel que representa a la facción más conservadora ligada al sionismo la que atenta contra el pueblo palestino en su conjunto.

CORREPI expresa una vez más el total e incondicional apoyo al pueblo palestino, que resiste heroicamente el accionar asesino israelí y la actitud cómplice de las potencias occidentales. Exigimos el fin de la ocupación de los territorios palestinos, la investigación inmediata de las violaciones a los derechos humanos y la condena y castigo a los culpables. A los pueblos nos debe unir un solo grito:

¡PALESTINA LIBRE!

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